XII. jueves, tarde

fuente: archivo de la autora


Durante los últimos días solo estaba pensando sobre los próximos fines de semana. Esperaba a estos sábados y domingos como un drogadicto. Algún día apenas me abstuve de dar anulación a mi jefe y dejar definitivamente trabajo como camarero. No obstante, los restos de la razón siguen permaneciendo en mí porque he detenido esta tentación. Al final se tiene que comer, beber, etcetera. “Espera, tarde o temprano llegará ese día en el que tirarás el trapo justo en frente de la nariz del patrón” repitía estas palabras como alguna profecía.
Que sea una profecía autocumplidora.

Hoy mi madre me he llamado inesperadamente. Mi primer pensamiento fue que algo malo debe haber sucedido, pues hemos hablado recientemente. He recibido la llamada esperando las peores noticias posibles.

–Hola, mamá, ¡qué sorpresa! Debes haberme extrañado terriblemente – eché una broma con la esperanza de que esconda mi preocupación.
–Buenas tardes, cariño, te estoy llamando porque extrañaba mucho las novedades en la vida emocional de mi hijo – inmediatamente apareció en mi cabeza su mirada entrometida, tan típica de ella en temas como este.
–Vale, ¿qué te gustaría saber sobre Carmen? – me di por vencido con un suspiro pesado.
–¡Qué pregunta tan imbécil! Claro que quiero saber  t o d o – se rio en voz alta, poniendo hincapié imposible de ignorar.
–Como ya te he dicho se llama Carmen, tiene veinticuatro años, es de Barcelona y vive en París desde cinco años. Es maestra en filología francesa, ama esta lengua de verdad. Trabaja como traductora en una empresa pequeña y practica canto en su tiempo libre.
–¡Qué bueno! Suena ser una chica maravillosa. ¿Qué aspecto tiene? Descríbemela, por favor – ordenó más que pidió mi madre curiosa.
–Es de estatura media, tiene pelo largo castaño y liso, sus ojos son del color de aceituna, es muy flaquita, bronceada, con las manos pequeñas y finas.
–¿Tienes su foto o algo? ¿Puedes mostrármela?
–Eh, mamá, exiges demasiado, no tengo ni una foto de ella, no nos conocemos tanto.
–Claro, claro, no os conocéis tanto para tener las fotos de vosotros pero por supuesto sí os conocéis bastante para crear un dúo, ¿no? – se burló de  su propio hijo (!!!).
–No entiendes nada...
–¡Tranquilo, tranquilo! ¡No tienes sentido del humor, hijo! Solo estoy molestándome mutuamente con ti.
–No sé a qué te refieres, lo estoy pasando genial – contesté maliciosamente a sus chistes.
–Bueno, basta ya con estas estupideces. Díme cómo os habéis conocido.
–Simplemente una vez se acercaba a mí cuando estaba jugando en el Jardín de Luxemburgo y me preguntó si me gustaría jugar con ella.
–¡Pero qué dices! ¿Te vio por primera vez y de inmediato te ofreció las actuaciones conjuntas? ¡No puede ser! – mi madre se indignó.
–No, no, ¡nada de eso! Me había visto antes y como a ella le gustó mi juego desde primer escucho, me propuso crear un dúo –justifiqué rápidamente el comportamiento de Carmen.
–¡Uf, bueno! Ya he pensado las cosas malas sobre ella, ¡afortunadamente me he equivocado! ¿Ya habéis actuado juntos?
–Sí, el pasado fin de semana. Carmen tuvo razón, junto lo hicimos mucho mejor que cuando actuamos por separado. Basta evaluarlo por nuestro beneficio: hemos recolectado 85 euro y 69 centavos durante esos dos días.
–¡Qué guay! ¡Estoy tan orgullosa de ti y de tu compañera! Sabía que una vez todo comenzaría a funcionar bien para ti.
–Gracias, mamá. Mira, tengo que terminar, hay cosas para hacer...
–Sí, sí, claro, pero debes explicarme una cosa antes de colgar...¿sois una pareja?
¿Quién sería mi madre si podría arreglárselas sin pregunta como esa?
–No, somos amigos y basta. Gracias por tu llamada, ¡hasta luego, mamá!

Definitivamente recibiré un castigo por mi comportamiento ¡pero, por el amor de Dios, todo tiene sus límites!

Debo contar todo eso a Carmen. Apuesto que estará riéndose a carcajadas.

Komentarze

Popularne posty