XIV. domingo, mañana
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| fuente: archivo de la autora |
Ayer fue un día que siempre había esperado. Apenas puedo
escribir, mis manos están temblando como locas. Estoy pellizcando la mano
izquierda de vez en cuando para comprobar si no estoy soñando despierto.
Como todos los sábados, salimos a dar la actuación
musical. Por fortuna, a pesar de la temporada, el tiempo estaba estupendo – el
sol brillaba con toda su fuerza y el cielo estaba despejado. Las circunstancias
ideales para pasear. Después de largos debates nos decidimos de ir a Bois de Boulogne, nuestro lugar favorito
en el mapa de París.
Empezamos con Milord
de Edith Piaf, luego presentamos romántico Misty de Ella Fitzgerald (la parte femenina de la audiencia estaba
sinceramente conmovida) y antes del descanso – Street Spirit (Fade Out) de Radiohead. Conté nuestros oyentes rápidamente – treinta y
cuatro personas. Realmente agradable.
Justo cuando intentamos de empezar la segunda parte, nos abordó
un hombre muy elegancte de mediana edad.
–Buenos días, soy Jacques Gabin, un productor discográfico
de la productora Harmonia Mundi. Tengo que admitir que me ha encantado mucho vuestra
actuación, hay algo único en esta música, sois realmente auténticos en lo que hacéis.
¿Tenéis alguna de vuestras propias canciones o solo estáis tocando covers por ahora?
Como Carmen quedó mudo de impresión, tomé las riendas en mis manos:
–Buenos días, encantado de conocerle. Me llamo Watkin
Tudor Jones y mi compañera hermosa se llama Carmen Rosal. Por ahora, no hemos
compuesto nada propio pero por supuesto trataremos de hacerlo.
–¡Eso es! Como había dicho antes, sois muy interesantes.
Habéis amontonado un gran grupo de personas, también les gustaron realmente,
además lo habéis visto por vuestros propios ojos. Me gustaría invitaros al
estudio para la audición. ¿Mañana a las tres os queda bien?
–¡Sí, naturalmente! Estamos a su disposición en cualquier
momento – le aseguré, mirando al mismo tiempo a Carmen. Asentió enérgicamente.
–Perfecto, pues mañana a las tres en Rue de Seine 7500. Mi tarjeta de visita, por favor – me entregó una
tarjeta blanca con adornos dorados – ah, casi me olvidé de lo más importante – hizo
un gesto de dar una palmada a su frente – ¿cómo os llamáis?
Sin duda ninguna contesté: Leurs deux.
–¡Qué nombre tan adecuado y melodioso! Nos vemos mañana, ¡estad
descansados y en plena fuerza!
–¡Muchísimas gracias, señor, te estamos muy agradecidos,
señor! – en el último momento Carmen se atrevió a hablar.
Nos saludó con un gesto cortés y se dirigió hacia la
salida.
–¿Creerás que tendremos una audiencia con uno de los
mejores productores franceses? – sacudió la cabeza con incredulidad.
–Por supuesto, al final somos sobresalientes y únicos. Era
solo un cuestión de tiempo – la rodeé con el brazo.
Por la noche celebramos nuestro éxito con una copa de
vino. Abrazados. Felices. Llenos de esperanza.
Creo que finalmente es la hora de llamar a mi padre.
Y en el futuro cercano, quién sabe, ¿tal vez lo llamaré con
una invitación a nuestro concierto en Philharmonie
de Paris?
Estoy seguro de una cosa: Vive la France!



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